SUMA CH’AJWAÑA – Saber luchar

Adriana

¿Por qué luchar? Es algo que siempre me he preguntado y que no pude responder hasta que decidí revisar mi historia y la de mi gente. Ha sido largo el transcurso de autorreconocimiento que pase para mirar mi reflejo y poder ver la historia, mejor dicho, las no historias que nadie relata de todos quienes han luchado por la madre tierra, por la dignidad y la vida.

Cuando decidí luchar fue inevitable voltear a sentir la historia de un pueblo que resiste. Recuerdo los relatos de mi madre, recordando como mi abuela tuvo que migrar del campo allá por los años 50 donde vivieron una sequía que no les permitía seguir en sus territorios. El hambre y el miedo se apropiaron de ellos, obligándolos a dejar todo lo que conocían. Necesitaban comer y eso en su comunidad campesina ya no era posible.

Así como mi abuela; nuestras familias han tenido que migrar de la chacra porque los efectos del cambio climático hicieron insostenible la vida en el campo, la sequía era cada vez más azotadora, la falta de agua no permitía el cultivo. Ser campesino ya no era sostenible. Les toca entonces llegar a las ciudades a trabajar mucho por poco, a sufrir humillaciones, a pasar hambre a entrar en la amnesia colectiva de nuestros orígenes porque para aquellos tiempos, nadie se fijaba en tu ser, sino en tu apellido y como vestías, así pasamos de olvidar quienes éramos, para entrar en el juego del sistema capitalista, consumista e individualista, y para el sistema es imprescindible que olvides tu origen y pensar que la tierra es un objeto y no madre. 

Es por eso por lo que sostengo que los efectos del cambio climático provocan desigualdad, pobreza y miseria en nuestros territorios, más allá de un tema ambiental esta crisis se ha convertido en un problema social, económico y altamente político. Son estas razones las que llevan a creer vehementemente que luchar y resistir por la madre tierra es buscar justicia social.

Cuando la relación tierra/humano se convierte en un asunto meramente mercantil entramos en esta crisis, más aún cuando aún vivimos en un sistema que continúa amenazando nuestros modos de vida como consecuencia de la política neoliberal de dominación de la naturaleza en búsqueda de ganancia fácil y de la concentración del capital en manos de pocos Estados sumándole la irracional explotación de los recursos naturales de nuestra madre tierra.

Y caemos en cuenta de que es un problema estructural y sistémico en su esencia, cuando las acciones dispersas y voluntariosas no resuelven el problema. Entonces necesitamos acciones estructurales que vengan desde los Estados, pero no políticas de un clásico Gobierno Colonizador que impone, sino desde la Estructura estatal que reconozca la pluralidad de la población, desde la construcción colectiva de los pueblos y sectores vulnerables.

Las juventudes no podemos esperar la buena voluntad política de los Estados que nos llevaron a esta crisis y continúan con una política capitalista y neoliberal.

Las juventudes necesitamos organizarnos, y ante esa necesidad de organización surge una respuesta en nuestro Estado Plurinacional de Bolivia, la plataforma de Juventudes por la justicia climática, que nace para elevar las voces de las, les y los jóvenes que están preocupados por su futuro pero también para articular nuestra posición y así exigir espacios de participación donde seamos los protagonistas y podamos contribuir a las políticas nacionales de cuidado a la madre tierra, pero también a las políticas internacionales, creemos firmemente que la alternativa al mal desarrollo capitalista es el Vivir Bien, vivir bien es vivir en armonía y reciprocidad es así como viven nuestros pueblos y como los, las y les jóvenes queremos volver a vivir.

Estamos conscientes que para llegar al vivir bien primero debe haber justicia y existe una deuda histórica para con nuestros países y por eso exigimos que los países desarrollados que asuman acciones inmediatas para mitigar, porque quienes trajeron este problema que son empresas, estados y elites; así mismo existe una deuda generacional porque nos están arrebatando el futuro y como juventudes de países en desarrollo nosotros, nosotras y nosostres debemos concentrarnos en adaptarnos, adaptarnos con memoria, oyendo a los pueblos y a los indígenas sabremos como, garantizar la participación efectiva y real de la juventud es muy importante para este objetivo es una deuda y responsabilidad ya que históricamente hemos sido invisibilizados las mujeres, los pueblos y las juventudes; aun así somos las juventudes, la fuerza, el cuerpo y la reserva moral de todas las revoluciones y será a nosotros, nosotras y nosotres quienes rescataremos el saber de miles de años de nuestros pueblos y ancestros.  

Las, les y los jóvenes tenemos una gigante responsabilidad que es ser consecuentes con nuestra historia, los pueblos han resistido por siglos políticas de dominación y etnocidio, por eso la memoria es fundamental para encarar la crisis climática, la memoria de nuestros saberes como de la destrucción de la Madre Tierra. Las, les y los jóvenes no podemos olvidar de dónde venimos, encaremos esta lucha con la dignidad a tope por nuestras raíces, con la justa rebeldía de ser jóvenes conscientes y aguerridos, jóvenes indígenas como citadinos estamos en la misma trinchera, porque los efectos del Cambio Climático nos están quitando el futuro.

Hoy, esta lucha no es solo nuestra, fue la de nuestros ancestros que querían libertad para el pueblo como para la tierra, es la del campesino desplazado forzosamente de su territorio, de la niña que vive en precariedad y todo esto por los efectos del cambio climático, por esto estamos luchando, organizándonos alrededor del mundo, resistiendo por la madre tierra, en esa búsqueda de rearmonización con el cosmos y la pacha. Solo así lograremos un vivir bien para nosotros y nuestras futuras generaciones; construyendo ecologismo popular para alcanzar la justicia social y climática.

 “La madre tierra se defiende porque nosotrxs somos parte de ella, no porque ella nos pertenezca.”

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